lunes, 19 de octubre de 2009

Un sistema

Suena el despertador, lo callo de un manotazo y me levanto.
Es un día como cualquier otro, pero hay algo que se extiende como una nube que me sugestiona.
Hoy tampoco voy a escribir. No por falta de ganas como pasa algunas veces que soy esclavo sumiso del tedio. Hoy no puedo. Tengo que trabajar. Ayer noche lo dejé en esta línea, exacto, eso es. La pequeña libreta negra que vive encima del escritorio nunca se equivoca. Es bastante exacta. Bueno, a decir verdad...lo es del todo.
¡Que día más extraño!, no me lo explico. La pluma es la misma de ayer, el tintero es el de siempre, está en la marca exacta donde lo dejé anoche...
Cálculos...cálculos...tachón...cálculos...las agujas del reloj...cálculos...tachón.
Suenan las dos del mediodía en el reloj de marfil. Hoy como solo. Podría haber avisado a los compañeros o a Ella, que ahora trabaja aquí enfrente. Pero como solo.
El café y de vuelta...Más cálculos.
Ya entiendo porque me siento raro. Desde que me levanté, no he dejado de recibir extraños calambres. Son como pellizcos eléctricos, débiles, pero molestos. Cada vez los noto más: un molesto crescendo.
No hay un solo sonido con vida en esta habitación, el reloj da las horas de forma visual, si antes dije lo contrario, lo debí soñar. Otro chispazo...
Intento hacer mi trabajo lo mejor que puedo. Otro chispazo.
Todas las ideas que antaño me poseían (¡porque me poseían!, yo me poseía), ya hace tiempo que quedaron sepultadas entre cálculos y tablas.
Cada vez que vuelve mi maquinaria fantasmal, recibo un chispazo. Creo que esa es la ley que se sigue aquí. Con este último pensamiento recibo un gran chispazo.
Ya no lo aguanto más, cierro con rabia la libreta exacta. Dejo caer la pluma, cojo el abrigo y pretendo irme dando un sonoro portazo. Sonoro en mi imaginación, claro.
Y de pronto cuando abro la puerta y salgo a máxima velocidad, me doy de narices, literalmente.
¡Qué dolor! Tengo la cara ensangrentada. Y nuevos chispazos sacuden mi cuerpo de pelele tendido en el suelo.
¡Ahora lo recuerdo! ¿Será posible que lo haya olvidado? ¿Después de 21 años de extremada y monótona conciencia y de violáceas chispas? Alzo la vista y elevo el puño en gesto de amenaza y un nuevo calambre se descarga en mi cabellera. ¿Será posible que despueś de 21 años, un día cualquiera, haya olvidado por completo que vivo en una esfera eléctrica? Sí, como una de esas del museo de la ciencia.
Sólo veo manos, y más manos. Millones de manos que palpan mi entorno. Y las cargas no paran.
Sonrío...lloro...y acabo por emitir plásticas carcajadas que se pierden en el mar violeta que no deja de vibrar y que lo envuelve todo.
Me siento en la mesa, limpio la sangre con el mismo pañuelo de cada día, recojo la pluma y sigo con los cálculos.
¡Qué grata idea!¡Qué premonición! Llegará el día en que el alud de ideas que se acumula en mi cerebro acabe por volar la tapa de los sesos impregnando todo el cristal de restos...El alud se está gestando, de forma continua, pues no creáis que una habitación tan suntuosa se hace sola, con relojes de marfil y todo.
Solo hará falta una chispita para la detonación, y de eso aquí no estamos escasos: JAJAJAJA

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustaba más el airedelacima.
¡No te veo hecho de cristal!
En cambio sí que te veo en la cima, respirando hondo y transformando los delirios y alucinaciones por lo general en estupendos cuentos como el que precisamente no veo aquí, el del magnetismo del doctor V.
Que me recordó gratamente a una novela de Oscar Wilde.